Resumen de la Campaña 2026
A lo largo de este año, volveremos una y otra vez a cuatro verdades fundamentales. Las escucharás entretejidas en los mensajes, los estudios, las conversaciones y en esos momentos en los que Dios nos recuerda suavemente quiénes somos y hacia dónde vamos. Estas verdades no son simples frases bonitas; son anclas. Y mientras más nos apoyamos en ellas, más transforman nuestra manera de vivir.
1. El cielo es nuestro hogar.Hay un anhelo en tu corazón que nada en esta tierra puede satisfacer por completo-y ese anhelo tiene nombre. El cielo es nuestro verdadero hogar. Este mundo, con toda su belleza y brillo, no es el destino final; es solo la sala de espera. Y aquí viene lo mejor: la promesa de Dios nunca fue simplemente sacarnos de la tierra y llevarnos al cielo algún día. Su plan mayor es este: Él está trayendo el cielo a nosotros. Ese vacío que a veces sientes no es inconformidad-es nostalgia de hogar.
2. El cielo comienza aquí.El cielo no es solo una esperanza futura a la que nos aferramos; es una realidad presente que comenzó en el momento en que rendimos nuestra vida a Jesús. El cielo no es solo a donde vamos; es lo que Dios está formando en nosotros ahora mismo. Cuando Cristo hizo morada en nuestro interior, el cielo irrumpió en el presente. La vida eterna no empieza después. Ya comenzó.
3. El cielo vive en nosotros.Entre hoy y la eternidad, el Espíritu Santo está haciendo más que prepararnos para el cielo algún día-Él está trayendo la atmósfera del cielo a nuestra vida hoy. Entra en nuestro caos, en nuestros patrones rotos, en nuestro desorden interior, y comienza una obra silenciosa pero poderosa de transformación. Paz donde había ansiedad. Gozo donde había peso. Amor donde había miedo. El cielo no solo nos espera-nos está cambiando.
4. El cielo fluye a través de nosotros.A medida que Dios nos transforma, nuestras vidas se convierten en puntos de encuentro entre el cielo y la tierra. No llevamos el cielo solo en teoría; lo llevamos a lugares reales. A nuestros hogares. A nuestros matrimonios. A nuestra iglesia. A nuestros trabajos, escuelas, vecindarios y comunidades. Donde va el pueblo de Dios, el cielo se hace presente-porque la presencia de Dios va con nosotros.

